Nuestra historia

Funcionamos desde el año 1909.

Es la primera Iglesia Pentecostal del país

 

Año 1909. “Y recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el ESPIRITU SANTO y me seréis testigos, en JERUSALEM, en toda JUDEA, en SAMARIA, y HASTA LO ÚLTIMO DE LA TIERRA”.

Estas fueron las últimas palabras dichas por Jesucristo a sus discípulos, antes de irse, para estar junto a Dios padre, en la gloria.[FOTO]

No pasaron muchos días antes que estas palabras se cumplieran “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos y de repente vino del cielo un estruendo como de viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego asentándose sobre cada uno de ellos y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”

Con estas palabras inspiradas, Lucas nos relata los hechos que sucedieron el Día de Pentecostés, día en que Dios cumplió su promesa, encendiendo un fuego en el corazón de un pequeño grupo de hombres y mujeres, dotándolos de un poder sobrenatural, para ser testigos. Ese fuego y ese poder, llevado por lo que creía hizo que el evangelio se fuera extendiendo a través del espacio y el tiempo, alcanzando en estos casi 2000 años que han transcurrido a millones de personas.

El movimiento Pentecostal en el siglo XX reconoce sus orígenes en el año 1906 en la ciudad de Los Ángeles (EEUU) en una vieja iglesia en Azusa Street 312. En ese lugar cuyo piso estaba cubierto de aserrín y cuyos bancos eran planchas sobre cajones, se realizaron las primeras reuniones extendiéndose el movimiento rápidamente a la ciudad de Chicago y otras ciudades.

Un reconocido evangelista de aquellos años llamado W.H.Durham después de haber recibido el glorioso llenamiento del Espíritu Santo el 2 de marzo de 1907, nos relata lo que ocurrió en una iglesia de la Ciudad de Chicago donde el Señor estaba derramando el Espíritu Santo, dice: “La gente comenzó a venir en número considerable y en poco tiempo el lugar de reunión resultó chico para acomodar a tantos. Todas las noches se celebraban reuniones, las que duraban hasta las 12 de la noche, tal era el espíritu de adoración y de alabanza, que no lo había visto antes en mi vida.”

La enseñanza era sencilla, arrepentirse del pecado, rendirse enteramente a Dios, descansando en la obra consumada de Cristo, confiar en la sangre de JESÚS y DIOS derramaría del Espíritu Santo sobre todos aquellos que lo buscaban. En esta oportunidad queremos recordar como lo hizo el escritor a los Hebreos en el capítulo 11, a aquellos hombres y mujeres de fe que luego de recibir el poder del que nos habla el libro de Los Hechos, fueron movidos por Dios a ser sus testigos en nuestra querida Nación Argentina.

Muy pronto llegaron predicadores con el mensaje Pentecostal a nuestra Patria.

Los primeros en llegar fueron hermanos de origen italiano pertenecientes a las iglesias que llevan el nombre de “Asamblea Cristiana”. Precedentes de Chicago desembarcaron el 9 de octubre de 1909 en el puerto de Buenos Aires  los hermanos Luis Francescon, Giacomo Lombardi y Lucía Menna. El 28 de noviembre de 1909 el Señor bautizó con el Espíritu Santo a 6 personas pertenecientes a la familia que vivían en San Cayetano (Provincia de Buenos Aires)

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Además predicaron en la Ciudad de Buenos Aires y  en los pueblos de 25 de Mayo, Tres Arroyos, San Cayetano, Tigre y Necochea partiendo hacia Brasil el 8 de marzo de 1910.

Año 1915. Ciudad de Chicago, Estados Unidos de Norte América, Calle West Erie 1350. Sobre su fachada un letrero dice ASAMBLEA CRISTIANA REUNIDOS EN EL NOMBRE DE JESÚS. A esta dirección se dirigían, todos los días, un gran número de creyentes. Los cultos se realizaban en italiano pues su membresía eran emigrantes de ese hermoso país.  El mensaje de Dios llegaba poderosamente y penetraba en los corazones de aquellos que allí se reunían.  Entre esa gente de Dios, estaba nuestro hombre, su nombre, Narciso Natucci.  Comenzó a sentir en su corazón un deseo ardiente de traer el mensaje de Dios a Buenos Aires, continuando con la tarea que habían comenzado los hermanos Francescon, Lombardi y Menna.  Había escuchado hablar de esta ciudad, pero no sabía dónde quedaba, no sabía su idioma ni cómo llegar; pero el Espíritu trabajaba en su vida y así una noche comunicó a su iglesia su deseo.  La iglesia, juntamente con sus siervos, lo puso en oración.

Ya entrado el año 1916 y superadas lasmúltiples dificultades relacionadas con el viaje (no debemos olvidar que en esa época, el mundo se encontraba en la llamada Primera Guerra Mundial), el hermano Narciso Natucci decidió visitar y despedirse de los fieles de las iglesias vecinas.  Con esa intención, llegó a la iglesia situada en la calle Jefferson 1713 en Gary Indiana.  Al ponerse de pie para anunciar su decisión, se sintió de parte de todos los creyentes, una ola de aprobación.  Era indudable que esta comisión contaba con aprobación divina.  Pero en medio de esta algarabía espiritual sucedió algo inesperado: Alguien se puso en pie, y visiblemente emocionado exclamó: "Yo también iré".  Era Francisco Anfuso, el cual tenía un hermana en Buenos Aires.  Describir la alegría que experimentaban esos hermanos es difícil, solamente aquellos que tienen experiencia en la obra del Espíritu pueden comprender lo que en ese momento sentían estos hermanos de la calle Jefferson en aquel día del año 1916.  Nosotros, a casi 100 años de distancia, saludamos emocionados a nuestros hermanos y solamente podemos exclamar: "Gracias Señor, por estos valientes y desconocidos obreros, por medio de los cuales tantos podemos hoy gozar del conocimiento de Dios". A esta altura de los acontecimientos, se intensificaron los preparativos del viaje, pues en ese entonces las travesías eran largas y penosas.

1916. Así llegamos al día 2 de Noviembre de 1916, en el puerto de Buenos Aires.  Nuestros amados hermanos arribaron. Nadie los esperaba, todo para ellos era desconocido.  Solamente disponían de una dirección en el barrio de Villa Devoto, hoy Nueva York 5067.  Allí vivía la hermana de Francisco Anfuso, Rosalía Anfuso de Mingrino. No sin inconvenientes, estos 2 hombres de Dios llegaron a la casa de la Familia Mingrino.  Tenemos en cuenta que en aquel entonces Villa Devoto estaba totalmente despoblada y solamente cerca de la estación había algunas casas y el resto eran todas quintas.  Al darse a conocer fueron recibidos con gozo por los integrantes de la familia; para ellos todo aquello que escuchaban era nuevo, desconocido, pero entraba hasta lo más recóndito de sus almas, de tal forma que 8 días después de estar con ellos , se produce el primer bautismo. Seis personas obedecen al mandamiento de Cristo.  El nombre de estos primeros creyentes en Argentina son: Rosalía Anfuso de Mingrino, y sus hijos Gaetano, Pablo, Ángel, José y Concepción.  No tardó el Señor en derramar la promesa del Espíritu Santo sobre este grupo, siendo los primeros en recibirla Concepción, José y Ángel Mingrino.

Antes del 31 de diciembre de este año, conocieron el mensaje y fueron bautizados más de 20 personas, entre los que recordamos a Antonio Vitale, María Casará, Fiorentino Pietrini, Luis Birrecci, Ángela de Birrecci, Gaetano Fianetta, Encarnación y Concepción Mauricio.

Dios usó poderosamente al hermano Narciso Natucci, y su predicación compungía el corazón de aquellos que llegaban a la iglesia por primera vez.  La obra creció con rapidez, de manera tal que a fines de 1917 hubo que trasladar la reuniones a un lugar más amplio y a tal efecto éstas prosiguieron en la casa del hermano Birrecci, Av. Nacional 5078, hoy Av. Salvador María del Carril.

1917. En ese año muchas almas se entregaron al Señor entre los que podemos mencionar a María de Vitale, Familia Forne, Rosario Parla y Sra., Gaetano Carbone, Domingo Cataldo, Genari Ficarra y Flia. Salvador Cotone, José y Juan Licciardo, Eugenio Pietrini, y Salvador Scozzarella.

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1920. Entre los años 1917 al 1920, nuevas personas se agregaron al ya nutrido grupo de creyentes.  Mencionamos a Luis Lavoro, Ventura Lavoro, Domingo Marino y Flia., 7 integrantes de la Flia. Tomasella, Cármen del Incélico, Horacio Casá y Sra., Felipe Rebolotta y Sra., Felipe Cosimano, Reynare y Sra., Jerusa Restaino, Nuncio Camarelle, Felipe Prezzavento, y José Intelisano.

En el mes de febrero de 1920, la historia de la iglesia da un paso importante en la ampliación del conocimiento de las cosas de Dios, pues llega al país el anciano Giusseppe Petrelli, escritor pentecostal, de cuya pluma salieron libros como "Simone Pietro", "Cristo per Fede", "La Chiesa di Cristo", "Davide, Pecatore e Penitente", "Il Figliuolo dell Uomo", etc. Estos libros fueron editados entre los años 1929 y 1938 y están agotados.

El anciano Giusseppe Petrelli constituyó a varios ancianos para hacerse cargo de nuevas iglesias: al hermano Ángel Mingrino para la iglesia de Mendoza, uno de los primeros lugares del interior del país que recibió el mensaje de salvación; al hermano Pablo Mingrino para la iglesia en Ranchos (Pcia. de Bs.As.) y al hermano Gaetano Mingrino para la iglesia en Av. Nacional. En Enero de 1922 regresó a EEUU.

[FOTO]1922. A partir de este año se registra la apertura de varias iglesia en el interior del país. El hermano José Intelisano comienza reuniones en Zárate.

1923. El hermano Felipe Cosimano inaugura la iglesia en el Tigre.  En ese mismo año se adquirió el primer terreno sobre el cual se construyó el actual templo en Av. Salvador María del Carril 5069, en la Ciudad de Buenos Aires.

1925. Quedaron constituidos como ancianos en la iglesia del Tigre, los hermanos Eugenio Pietrini y Jorge Silva.

Tendríamos una buena cantidad de testimonios de esta época para referir que han quedado registrados, pero de todos ellos rescataremos el siguiente por lo sensible e importante:

Una noche de 1925 en la iglesia de Av. Salvador María del Carril hubo tal manifestación del Señor que muchos vieron una paloma blanca volando y  en la cabeza de quien se posaba, recibía el Espíritu Santo.  Se hallaba presente en esta reunión el hermano Domingo Marino, el cual clamaba al Señor con estas palabras "Señor, si tu no me das el Espíritu Santo, no me levanto de orar". Una hermana, profetizando por el Espíritu Santo contestó a Domingo Marino que sería bautizado días después como así realmente ocurrió; pero además le profetizó la apertura de nuevas iglesias en Entre Ríos y Santa Fé, lugares hasta entonces desconocidos para el citado hermano.

[FOTO]1926. El hermano Narciso Natucci se estableció en Llavallol y Tres Cruces (hoy, Av. Francisco Beiró) trasladándose tiempo después en forma definitiva a Asunción y Nazca.

A partir de ese entonces el anciano Pablo Mingrino pasa a ser pastor en la iglesia de Salvador María del Carril.

El hermano Rosario Parla comenzó reuniones en Nogoyá 5091, continuándolas luego en la calle Baigorria.

1927. El anciano José De Luca se estableció en el Pasaje Becquer.

1929. A pedido de un pequeño grupo de creyentes italianos, parten para Rosario los ancianos Natucci y Cosimano, los cuales encaminaron a este grupo, y el 18 de agosto del mismo año, el anciano José Intelisano realiza el primer culto público. Dos años después dejó en el ministerio al anciano Juan B. Melodía

1931. El hermano Felipe Cosimano establece una iglesia en La Tablada, quedando en la misma hasta 1933. Actualmente esta iglesia se encuentra ubicada en Verón de Astrada 5781.

1932. Comenzaron reuniones en la iglesia de Villa Lynch en la calle Espora 929.

1937. Alrededor de 1937 tuvo lugar la apertura de una iglesia en San Nicolás la cual quedó a cargo del hermano Nicolás Mancino.

[FOTO]1938. Se iniciaron los cultos en la ciudad de La Plata.  El local de reuniones se ubicaba en Calle 72 N°1405.

1939. El hermano Domingo Marino, llevó el testimonio del Señor a la provincia de Corrientes, estableciendo la primer iglesia en Goya.

1942. Este año con motivo de un viaje a Santa Fé, el anciano Domingo Marino comenzó reuniones en esta ciudad. La iglesia quedó establecida en la calle 1° de Mayo 3623.  Recién entonces, este hombre de Dios comprendió la profecía que una hermana le diera 18 años atrás. A partir de entonces, en esta ciudad se creó un gran centro para la expansión del evangelio que cubrió todas la provincias hacia el norte.

Esta apretada síntesis corresponde a los primeros años desde la iniciación del testimonio evangélico pentecostal de la Asamblea Cristiana, abarcando un lapso de aproximadamente 25 años.

Pero la obra de Dios no se ha detenido, el testimonio cristiano continuó esparciéndose de tal forma que podemos afirmar con certeza que son pocos los pueblos o ciudades en nuestro país, todavía no alcanzados por la palabra de Dios, porque ya sea a través de nuestras iglesia en forma directa, o por intermedio de las iglesias que salieron de nuestro seno, se continuó ganando para Cristo una multitud de personas que saldrá a encontrarse con el Señor en el día de su gloriosa venida.

 

 

 

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